miércoles, 6 de octubre de 2010

Asturias 2010 (II) : la Ruta del Cares y el baile de precios.

Tras haber hecho acopio de energía con la cena del día anterior, nos levantamos, desayunamos en el hotel y recorrimos en coche los escasos seis kilómetros que llevan de Arenas de Cabrales al inicio de la ruta del Cares, en Poncebos. Distancia suficiente para que la nenaza que soy se mareara cual pato. Esto hizo que los primeros 5 kilómetros de la marcha las pasara más bien chungamente. Uno mareado, otro con un medio esguince curándose, otro con vértigos y otro con ampollas a la mitad de la ida. No se sabía si era la Ruta del Cares o una peregrinación a Lourdes para curaciones milagrosas!! Aún así, el camino dio para imágenes realmente bellas.



Y más bellas...



Y ejemplos de la valentía del hombre ante las bestias de la naturaleza (en este caso, bestia regulera: un abejorro…) en el momento más inesperado. Yo iba a hacer una toma del paisaje y me encuentro con la bailarina...:)

video

Entre tullidos, cagones y demás, la vuelta sólo la hicimos Robo, MAX y servidor. El resto de la tropa se volvió, no sin cierta emoción porque parecía que al final no sería posible, en taxi. Alivio para los dolores de Carlos y Justo, descanso para los vértigos de Julio y Ramón. Eso si, se perdieron un contundente menú del día del restaurante “La Posada del Montañero” a base de fabada, potente de sabor, escalopines al cabrales y huevos con jamón, buenas raciones ambas. Feo el detalle de cobrarnos la casera cuando el menú anunciaba que incluía vino de la casa o refrescos y el cobrar el café cuando alguno no había tomado postre.



La vuelta la hicimos a velocidad progresiva. Básicamente fuimos de ir rapidísimo a ir (con perdón) follaos. Si a la ida tardamos 3 horas y cuarto, la vuelta la hicimos en unas poco saludables dos horas!!! Vamos, que ya teníamos excusa para volver a zampar. Y ya teníamos destino. El local donde tomamos las sidras el día anterior tenía una parrilla de lo más interesante, así que allá fuimos. Pero tiene su historia.

El restaurante se llama “Sidrería Ribeles”. Nada mas sentarnos, cervecitas, sidras y demás. Nos cantan lo que tienen en la carta de parrilla y entre otras delicias nos plantean el chuletón de buey. Voto unánime: siete chuletones para siete tragones. De entrantes unos choricitos criollos, una riquísima ensalada de Cabrales y nueces y otra mas normal de pollo.




Y nos presentaron los señores chuletones. Como podéis ver, tremendos.



Mientras acabábamos los entrantes fueron oficiándolos. Los vinos nos dieron la primera nota amarga de la noche. Dos tintos roble, uno cobrado a 14 y otro a 20 euros, caros, que no convencieron nada, pero es que no tenía otro vino (?). Cosas de la tecnología: no pudimos resistirnos a mirar en Internet vía Blackberry o similar el precio en tienda….Joder, 3 y 5 euros. Multiplicación por 5!!!! Pero llegaron los chuletones y se nos pasó el disgusto. Una carne rica, bien hecha (salvo para Julio, que pidió que se la volviera a pasar 200 veces), acompañada de patatas y pimiento rojo. No era la mejor que haya comido en mi vida pero la nota era muy buena.Quedó aún sitio para probar una ración de costillitas, normalitas.



A los postres más bien poco, porque poco tenían.Les quedaban tres flanes y poco mas (¿). Joder, si éramos los únicos clientes de la noche!!! Raro. Nos trajeron, tras los cafés, licores a discreción. Uno de ellos, una crema de orujo, triunfo hasta quedar vacía la botella. Aquí alguien ya apuntó: “Nos van a clavar: nos han dejado los licores en la mesa como invitación…eso es que ya se lo han cobrado”. Pedimos la cuenta esperando algo similar al día anterior, sobre 25-20 euros por persona. Y nos cascan algo más de 50!!!! Sorpresa general. Preguntamos de donde ha venido el clavo. Respuesta: el chuletón, a 30 euros la pieza. Se te queda la cara de tonto. Mal está que te “canten” lo que tienen sin decirte al menos los precios, pero tampoco estuvimos hábiles preguntando. Pero 30 euros el chuletón es ya tirando a caro incluso en Madrid. Allí, con mayor cercanía de materias primas y sin tantos intermediarios, parecía exagerado. Entre el sablazo conocido del vino y este sorpresivo de la carne, salimos de allí con mal sabor de boca.

Pero ya puestos, teníamos curiosidad por saber a cuánto nos habían cobrado el kilo de chuletón. Ya sabéis, un poco el recurso del pataleo. Así que otra vez excursión para adentro. Pero no nos lo dijeron a las claras. Nos dijo la jefa que cobran a 30 euros la pieza de entre 800 y 900 gramos. Un momento!!! Recordábamos como la camarera nos dijo que eran 600 o 700. Que ya metidos en esos números, la diferencia podía ser un 30%. Nos hablaron de lo buena que era la carne (cosa que no discutimos, estaba muy buena), del hecho diferencial de la parrilla y el parrillero (bueno, lo cierto es que de nuestra mesa creo que todos podríamos haber oficiado tan bien como el parrillero esas viandas) y de los costes que conlleva.No dudamos de que el resultado era bueno, pero claro....tanto?



Al final la dueña nos ofreció, ya que no nos había dicho el precio y ya que no aparecía el chuletón de buey en la carta, a cobrárnoslo como el de ternera, es decir, 5 euros menos por cabeza. No era el objetivo la rebaja, sino más bien la información y la corrección para futuros clientes. No os llevéis a confusión: toda esta conversación, que podría haber sido desagradabilísima, fue llevada en un tono tremendamente conciliador entre nuestro negociador, Justo y la gente del bar. Sólo era violenta la situación, pero el trato fue perfecto, no podemos negarlo, con una camarera simpatiquísima y amable, al igual que el parrillero, y una dueña siempre dialogante. La simple corrección de tener una carta en condiciones que presentar al cliente habría hecho desaparecer el problema: si lo quieres a ese precio, lo pagas, y si no, pues no.Y todos felices.

Pero bueno, la noche no había sido en absoluto mala y aprovechamos esos 35 euros devueltos para una de las varias rondas de copas y cervezas tras el atracón de carne. A eso de la una de la noche, de vuelta al hotel, aun nos quedaron ganas de más. Max ofreció generoso uno de sus vinos bag in box (ver post anterior) y le dimos unos cuantos viajes, acompañados (el pecado se llama gula concretamente) por unos sobaos pasiegos que había comprado para llevar.Pobres, ya nunca saldrían a conocer mundo...En fin, el hambre y la sed del montañero debían ser…Hartos como boas y satisfechos con la jornada, pusimos cierre y a descansar para la vuelta a Madrid…Aún nos reservaría otra entripada!!!!!

2 comentarios:

  1. Madre mía que triperos sois!! A ese cofradía del chuletón se uniría gustosamente mi churri que le encantan los chuletones si pueden ser de 900 grs. mejor que de 700

    Besis!

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  2. A mi me parece, sin ánimo de ofender a nadie, los mareos, vértigos, etc se deben a un buen subidon de alcohol y comida en vena!! jeje!!

    Vamos que, desgraciadamente, los excesos se pagan!!

    Aún así firmaría por marcharme un fin de semana "gastronómico" con mis amigas!!Me alegro que a pesar de todo lo pasarais tan bien!!

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