Los que leemos blogs de recetas y restaurantes de vez en cuando nos encontramos con alguna referencia a algún sitio que te da
especialmente ganas de visitar. Tú lees los comentarios, la descripción del menú, el precio y ves que si todo encaja tan bien como lo ponen, el lugar merece la visita. Éste es uno de esos sitios que diréis “ qué bien que lo vi en un blog”. Y es que
Vianda , en Becerril de la Sierra, es un restaurante que os llenará plenamente. Situado en la Avenida José Antonio, en un chalecito muy mono, sólo abre fines de semana. No soy mucho de hablar con los chefs o dueños, pero coincidimos un momento justo al salir, me preguntó cómo habíamos conocido el sitio (gracias a
Mileurismo Gourmet) y entablamos una pequeña conversación. Solo trabajan allí él,
David y su mujer. El negocio se mantiene capeando el temporal, pero poco más. No daba crédito. Tras el menú que nos habíamos metido, de 40 euros (vino y bebidas aparte, salimos a 55 por persona) pleno de calidad y cantidad, cuesta entender como no hay lista de espera para un sitio así. Nada más lejos de la realidad. Sólo cuatro mesas en todo el servicio. Increíble. Y más increíble es que lleva abierto 8 años, y yo, que más o menos leo del tema, no sabía nada de ellos hasta hace nada. Está claro que
a veces el boca a boca funciona y otras no, y no sabes bien por qué. Este sitio ha de acabar triunfando, sino tiempo al tiempo, Veréis ahora de lo que hablo…
Nos pedimos el
menú Vianda, cuyo servicio ya avisan que dura
más de dos horas. No se hizo en ningún momento lento. Simplemente es el tiempo que necesita. Empieza con unos entrantes para ir abriendo boca: unas
patatitas asadas rellenas de sobrasada, unos trocitos de
chistorra frita, unas
croquetitas y unos
rollitos de puerro (que yo eliminaría, como que no pegaban),

junto con una
crema de bacalao con copos de sal muy sabrosa.

Los panes, muy ricos, acompañarían muy bien toda la comida.
El primero de los platos oficiales del menú fue una
crema de marisco con langostino rebozado. Profundo sabor y el langostino muy bien hecho, jugosito a pesar del paso por la fritura.

El siguiente, ya parte de los tres entrantes, fue un
laminado de presa ibérica con helado de mostaza. La carne, laminada y ahumada, contrastaba a la perfección con un helado de mostaza que podría comerme en cucurucho, equilibrando dulce y picante.

El segundo fue el
bogavante frito con tartar de tomate, rodajas de bogavante calientes, con el contraste de la acidez del tartar de tomate, acompañado de un bouquet de lechugas variado.

El menú lo confecciona David con diferentes platos de la carta para darte lo mejor que tenga ese día, pero lo que si que le pedimos era que incluyera el
huevo a 63 grados con patata, trufa y boletus. Que delicia de plato, el huevo untuoso y la patata y los boletus formando casi una crema. Quiero más.

Como podéis ver, la cosa ya iba bastante servida de cantidades. Las cremas llenan bastante y el huevo, pues es un huevo con sus patatas y setas. Menos mal que el ritmo está bien estudiado y daba tiempo a seguir queriendo tomar platos.
El pescado fue una
milhoja de corvina con txangurro. Quizás el plato que menos me gustó, un pelín seco para mi gusto. A Laura le encantó, y eso que no es nada piscívora.

Y subidón de nuevo para el último plato, unos
tacos de lomo rojo con foie, acompañados de un arroz con setas. Carne deliciosa, en su punto. La foto está hecha tras el primer bocado, no pude contenerme a empezar el plato…:)

Bien comidos, esperábamos el postre cuando nos traen más pan…Coño, que nos faltaba el
platito de quesos!! Un gorgonzola con cebolla confitada, una tostadita de queso crema muy sabroso y un tercero que, lástima, no recuerdo pero también me gustó.

El postre, un delicioso
cremoso de chocolate con helado de café. A Laura no le va el café y preguntamos si podíamos cambiarlo. Ningún problema, un rico helado de chocolate blanco lo sustituyó.

Reposando con el cafetito, sigues preguntándote como puede no estar lleno un sitio así. Ni está tan lejos, ni es especialmente caro (y menos para el lujo de menú que dan), el entorno es bonito, el servicio agradable…Pues eso, no se sabe por qué. Unos llenan y otros no.
Llenadlo, que éste es de los que merece la pena visitar. Ya me contaréis y seguro que lo contaréis...